ALGO MÁS QUE PALABRAS

REGENERARSE CADA DÍA

Escrito el 25 Ene 2018
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A veces se nos olvida defender nuestra propia dignidad y nos la roban. Nadie tiene derecho a quitárnosla. Nos merecemos, sin duda, otro estilo de vida más profundo y otro modo de caminar menos superficial. Sabemos que no es fácil el cambio en una sociedad tan ensimismada con el poder, que suele negar el diálogo a los débiles, encerrada en el egoísmo y en la construcción de redes tan vengativas como crueles.
El ambiente no es nada propicio para el florecimiento de un naciente ser humano, más noble y responsable, más comprometido con su especie, dispuesto siempre a asegurarse un debate honesto y transparente, que nos aglutine más allá de los partidismos e ideologías.
Indudablemente, necesitamos una reacción global e interna, urgen acuerdos internacionales que se cumplan, pues la interdependencia nos obliga a pensar en un proyecto de vida en común; en una sola tierra y en una sola masa de agua.
La situación no puede ser más tétrica, ante el deterioro del medio ambiente y de la calidad de vida de gran parte de los moradores del astro. ¿Cómo no es posible que aún no despertemos?
Ciertamente, estamos llamados a entendernos y a tomar una mayor conciencia de nuestra marcha por aquí. Hemos sobrepasado todos los momentos de espera y de habladuría. Ahora es el instante preciso para la cooperación, clave para la seguridad y el desarrollo del mundo, ante el grave deterioro de la calidad de la vida humana y su degradación social.
Está visto que si para la prevención, mitigación y resolución de conflictos se requieren políticas globales basadas en conversaciones y la mano tendida, también para los casos de armas de destrucción masiva, se precisa el desarme y la no proliferación verificable.
Por ello, cada ser humano, debe tener la convicción de que forma parte de un todo, dispuesto a renovarse, mediante lenguajes que privilegien el diálogo como manera de reencontrarse y de establecer acuerdos para vivir unidos, lo que nos exige una profunda humildad social.
Quizás tengamos que mejorar el espíritu instintivo del bien y la bondad que tanto necesitamos, al menos para prestar más oído y más corazón ante las voces de quienes piden justicia. Con razón se dice que no hay paz sin pan, pero la compasión también requiere de la rectitud para renacerse, y hallar una respuesta a quiénes somos y por qué vivimos, necesitándonos unos a otros. Considero que amar es como rehacerse y repararse, a fin de recobrarse y recuperarse en cada aurora. Prueben hacerlo y disfrutarán de su fruto; el de hallar en la placidez del otro, nuestro propio gozo.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
Redacción Periodico el latino

Wilfredo Leon
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