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Ante Una Generación Deshumanizada

Escrito el 20 Abr 2018
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Las nuevas generaciones deberán tener una visión más universal y comprensiva, un empuje más auténtico y solidario, si en verdad se quieren combatir las graves e injustas divisiones que puntean hoy el astro. La solución no pasa porque los países aglutinen más armas e impongan su fuerza, todo lo contrario, se requiere de otro espíritu más conciliador, lo que exige un
mayor esfuerzo de la tarea educativa, por transmitir valores, que nos hagan mejores personas sobre todo lo demás.
Ante esta situación, deberíamos avivar el sentido de la responsabilidad, sobre todo en los líderes, que no pueden ignorar las leyes más innatas, con falsedades continuas, que lo único que hacen es devaluarnos como seres pensantes, o si quieren, como seres con corazón, y no con coraza, como algunos pretenden injertarnos.
Nada somos por sí mismos. Luego actuemos, no perdamos más tiempo, hagámoslo con firmeza y humildad.
Ahora bien, neguémonos a convivir con realidades destructivas o destructoras. Una vez reconocida esta deshumanización de la especie, tenemos la gran oportunidad de reforzarnos con verdadera clemencia, lo que significa comprometernos en ese acercamiento de cultos y culturas, hasta volver próximo al prójimo, amigo al enemigo, identificándonos con ese aliento
desprendido, que se dona sin mirar a quién, ni cómo, simplemente haciéndolo como si fuese algo para sí mismo, que también lo es, siéndolo además para todos al mismo tiempo.
Forjémonos humanos, con el ejemplo predicando, para poder ser, en definitiva, un ser humano en plenitud. No hay otra, es principio educacional de convivencia. Únicamente por la labor formativa podemos crecer interiormente, humanizándonos más y mejor. De ahí, la importancia instructiva en la transferencia de modos y maneras de vivir, en autonomía y no presos por las ideologías, para obtener lo mejor de cada cual. En su tiempo, el inolvidable filósofo griego Platón (427 AC-347AC), recordaba, precisamente que, “el objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano”.
Cuánta verdad en ello, ojalá diésemos culto a su voluntad.
Habitaríamos en otro planeta, cuando menos, más ensamblado y fraterno. Y ganaríamos todos, en paz y sosiego, algo de lo que tanto estamos hambrientos en el momento presente.
Sea como fuere, esta permisividad permanente nos está dejando sin moral alguna, lo que contribuye a que cada día se respete menos la vida humana, y por ende, la estabilidad ciudadana. Adyacente a esta crisis de verdad, todo es posible, el mismo sentido humano de la convivencia ha ido decayendo en favor de conveniencias inútiles. No me gusta para nada este terreno de apariencias y de poder sin escrúpulos.
En consecuencia, ha llegado el instante preciso para valorar a todo sujeto sin arrogancia alguna.
Tenemos que aprender a estimar que el mañana nos pertenece a todos por igual, sin privilegios, sabiendo que una vez enfermada el alma, de nada sirve el cúmulo de conocimientos adquiridos. Quizás, por ello, tengamos que aprender a ver para poder discernir los malos cultivadores, siempre dispuestos a adoctrinar, de los buenos maestros, invariablemente sabios, ya que aprenden hasta cuando enseñan, y también hasta de sus contrarios.
Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
Redaccion de Periódico Latino

Wilfredo Leon
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