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CUARENTA AÑOS DE GLORIA

Escrito el 31 May 2007
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La foto del Post and Courriere me hizo temblar las piernas. Entre la neblina de Charleston, como uno de esos buques fantasmas, aparecía el Buque Escuela Gloria. El buque insignia de la Armada República de Colombia, mí amada Colombia.

Hace cuarenta años zarpó desde Bilbao con su primera carga de cadetes colombianos a bordo y desde entonces cada año uno o dos cruceros cargados de los sueños y esperanzas de jóvenes aprendices de oficial, salen de Cartagena a dejar en alto el amarillo, azul y rojo de nuestra bandera.

El comando de Operaciones de la Armada recibió una invitación de la ciudad de Charleston para participar en la exhibición de “Tall Ships”, que atendieron cinco veleros más: El Espíritu de Carolina del Sur, El Virginia, El Espíritu de Baltimore, El Espíritu de Bermuda y el Príncipe Guillermo.

Las tripulaciones de estos buques comparten la pasión por el reto a los designios de Eolo, dios del viento. Pero sólo uno de ellos, El Gloria, conserva todas las tradiciones marineras: izado de la bandera pirata para saludar, uso del silbato para transmitir ordenes a la tripulación y los nudos que pasan de generación en generación entre los viejos lobos de mar.

Al cruzar el puente se inicia un recorrido por la nostalgia de los buques que ahora recuerda la pantalla grande, madera, cabinas estrechas, escaleras empinadas, hamacas colgadas, madera impecablemente pulida y un video que exalta la parte positiva de un pueblo de espíritu emprendedor. La invitación que nos hizo el capitán nos permitió recordar a través de: empanadas, “Club Colombia”, “Colombiana” y “tricornio” con jugo mandarina; el olor de la guayaba al que se refirió el primer Nóbel de Literatura de nuestro país.

En su honor, la sala Almirante Padilla porta una exposición itinerante que conmemora los cuarenta años de publicación de su obra cumbre, “Cien años de Soledad” y veinticinco del máximo galardón literario. Hacen parte de la muestra primeras copias de traducciones originales a otros idiomas de algunas de sus obras y en las paredes trozos escogidos de la obra de Gabo dedicados al mar.

Mateo, mi nieto de dos años, tuvo la osadía de colocarse sobre la cabeza un sombrero “vueltiao” que en alguna oportunidad protegió los pensamientos de Gabriel García Marques, vaya impertinencia, Dios quiera que algún día lo calce.

Un día siguió al otro y cuando la infantería colombiana de Charleston despidió a sus marinos ondearon las banderas, rodaron las lágrimas y a unos pocos se nos partió el corazón.

El Buque Escuela Gloria es a Colombia, lo que una gambeta es al fútbol o el adjetivo preciso a la buena poesía. Por eso no tuve que leer el encabezado del diario de mayor tirada en Carolina del Sur, dos filas de cadetes en amarillo, una en rojo y una en azul, no era un buque fantasma, solo podía ser el Gloria y tuve la oportunidad de verlo cuando cumplió cuarenta años.

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