editor@latinonewspaper.net | 03-Dec-2020 08:18:26 pm

EL DIA DE LOS TRES REYES MAGOS

Un recuerdo de niñez y tradición Cristiana

Siendo puertorriqueño de pura cepa, como decimos los jíbaros de Puerto Rico, el Dia de los Tres Reyes Magos siempre me transporta a mi infancia en mi querida Borinquen, una infancia como la de todos los niños del mundo, que sin importar la condición social o económica, primero somos niños y vivimos en un mundo lleno de deseos de jugar hasta con un palito, lleno de fantasías de lugares exóticos, producto de una mente virgen que no esta todavía afectada por la realidad, preocupaciones ni los prejuicios del mundo de los adultos.
Que días aquellos en mi viejo San Juan, en el sector de Miramar frente al mar donde jugaba con mis amigos del barrio y compartíamos los juguetes que le ibamos a pedir a los Reyes Magos.
“Los Reyes Magos ma van a traer un trencito eléctrico decia, Eddie mi amigo panameño. Pues a mi, los Reyes me van a traer un juego de pistolas del Llanero Solitario decía, Antonio y asi todos compartíamos lo que cada cual quería.
Juntos escribíamos la carta, la famosa carta de todos los años, “Queridos Reyes, este año me he portado muy bien con mi mamá y mi hermanita. He sido un buen estudiante y aunque Miss Rivera siempre me dice que me quede en mi pupitre, soy el mejor de la clase. Este año les pido me traigan una batería que vi en la New York, allí en la Ponce de Leon, en la parada 16. En la escuela soy parte de un grupo de música y necesitamos una batería. Por favor ayuden a Mami porque ella siempre esta trabaja que trabaja. Aqui les dejo la yerba fresca y agua para los camellos y nos vemos el próximo año. Junior”, leía una de mis cartas.
El dia antes de la llegada de los Reyes Magos, todos en el vecindario salíamos a cortar la yerba. Todos con su caja de zapatos vacía y un cuchillo de la cocina cortando la yerba mas fresca, no la de abajo que es mas gruesa pero la de arriba que es mas fresca y suave para los camellos.
La caja la ponía debajo de mi cama con un frasco con agua para que los camellos comieran y tomaran agua. Que alegría, que desesperación porque la noche pasara rápido. Era quizás el único día que nos ibamos a la cama temprano.
En mi casa siempre había jolgorio, gente que llegaba a visitar y se formaba la tertulia hasta tarde en la noche pero a mi eso no me distraía, yo a lo mío, concentrado en la llegada de los Reyes Magos.
Me preguntaba, cómo pueden traer tantos regalos a tantos niños en el mundo en la misma noche? Me los imaginaba en los camellos, con sus túnicas y turbantes de seda y piedras preciosas.
Me imaginaba a l Rey Melchor con sus largas barbas blancas que trajo oro al niño Jesús, el sultán árabe, el primero de los tres Reyes en llegar al pesebre.
El rey negro, el Rey Baltazar que venía desde Etiopía en Africa y trajo el mas extraño regalo al niño Jesús, mirra. De niño nunca lo entendí pero hoy entiendo la profecía del regalo a aquel que sacrificó su vida por nosotros.
Pero sigamos con lo de los Reyes y me falta Gaspar el emperador del oriente. No era un rey, era un emperador que para mi era “el mismo collar con distinto perro”. El que no tenía barba y su regalo al niño Jesús fue incienso, algo que tampoco entendía pero era un regalo, que bueno!
La noche era eterna, cerraba mis ojos pero no me dormía, me volteaba de un y otro lado hasta que el hada madrina me roceaba con su polvo de sueño y hasta el otro día cuando tan pronto como los primeros rayos de sol alumbraban mi cuarto, a mirar debajo de la cama y a jugar se ha dicho.
Eramos niños de jugar fuera de la casa, en la playa, en el vecindario, de correr, de saltar, la tele nunca me cautivo ni a mi ni a mis amigos de la Avenida Miramar y los Reyes era lo mejor del año y Santa Claus... ese llegó despues.
Por Wilfredo León, Editor

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