Eliminar el TPS puede ser contraproducente

Escrito el 10 Ene 2018
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La decisión del Departamento de Seguridad Nacional de no renovar el Estatus de Protección Temporal (TPS), a casi 200.000 migrantes provenientes de El Salvador es el intento más reciente del presidente Donald Trump para restringir la inmigración legal e ilegal. Los antecedentes de este cambio son los mismos fallos del año pasado respecto de haitianos y nicaragüenses. Sin embargo, los salvadoreños son el grupo más grande de beneficiarios del TPS: aproximadamente dos tercios de los beneficiarios que quedaban.

Al igual que la decisión de terminar con el programa DACA, el anuncio de terminar el TPS tiene motivaciones políticas y quizá es un intento por satisfacer a la base de simpatizantes antiinmigrantes de Trump. Aunque la decisión de terminar un programa supuestamente temporal que no obstante duró más de diecisiete años podría sonar lógica, las consecuencias de un cambio tan grande serán serias e inmediatas, y quizá incluso contribuyan a un nuevo ciclo de inmigración ilegal.

Es poco probable que muchos, quizá la mayoría, regresen voluntariamente a un país donde ya no tienen un hogar; y quizá busquen quedarse de manera ilegal en Estados Unidos. El miedo generalizado que infundió este fallo, así como las posibles deportaciones por venir desintegrarán a familias y comunidades.

Después de casi dos décadas en Estados Unidos, los beneficiarios salvadoreños del TPS han creado sus vidas, negocios y comunidades en el país. En muchas ciudades —sobre todo Washington y Los Ángeles— son una parte crucial del tejido económico y social. Son los padres de aproximadamente 192.700 ciudadanos nacidos en Estados Unidos.

Esta decisión tiene implicaciones negativas para la frágil economía de El Salvador. De acuerdo con la

investigación del Diálogo Interamericano, las remesas conforman el 17 por ciento del producto interno bruto del país y un sorprendente 80 por ciento del crecimiento económico.

El año pasado, tan solo los beneficiarios del TPS enviaron más de 500 millones de dólares a El Salvador. Una reducción drástica de remesas afectaría los esfuerzos a largo plazo de Estados Unidos para generar seguridad y prosperidad en El Salvador. La desaceleración económica solo alentará un nuevo éxodo y alimentará el ciclo de inestabilidad e inmigración ilegal.

El gobierno de Estados Unidos tiene razón en que el programa es un mecanismo humanitario temporal después de que un par de terremotos golpearan a El Salvador en 2001.

Sin embargo, en la práctica, los presidentes de Estados Unidos desde entonces han extendido el programa, en buena medida porque las condiciones políticas, económicas y de seguridad en El Salvador solo empeorarían si se termina la protección.

El Congreso debe buscar amortiguar los efectos negativos de esta decisión y crear un nuevo programa más permanente para ciertos migrantes centroamericanos y caribeños. La protección temporal es una herramienta esencial para responder a las crisis y los desastres a corto plazo pero, en este caso —como en Haití y Honduras—, el TPS no ha sido lo suficientemente flexible para atender a largo plazo otros puntos débiles de los países.

La decisión del gobierno de Trump de acabar con él solo crea más incertidumbre y caos. Al hacerlo, el presidente ha erosionado aún más el posicionamiento de Estados Unidos en América Latina y ha sembrado mala voluntad en comunidades importantes que han aportado mucho a Estados Unidos y que de manera evidente han adoptado sus valores.

Wilfredo Leon
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