“FE Y FAMILIAS SUFREN CUANDO LOS IMMIGRANTES SON DETENIDOS Y FORZADOS A HUIR”

Latinos, No estamos solos! Hay personas como el Obispo Gordy que grita a los cuatro vientos su sentir respecto a la horrible y despiadada persecusión de inmigrantes sin documentos. A continuación su carta publicada en medios de comunicación en inglés en nuestro estado.

Un éxodo impulsado por el miedo y la persecución ha estado en mi mente durante meses. No me refiero al éxodo de las escrituras hebreas. Pero es apropiado para la iglesia, que tiene a migrantes como Moisés y Miriam, y los hebreos errantes como sus antepasados espirituales, recordar nuestras raíces y manifestarnos cuando grupos en nuestras comunidades son forzados a huir.
El éxodo de hoy es de Latinos. Desde la aprobación de legislaciones anti-inmigrantes en Alabama y Georgia, dos de los estados pertenecientes al Sínodo que sirvo, los inmigrantes indocumentados han ido dejando nuestras comunidades y congregaciones para mudarse a estados más amigables.
Las draconianas leyes que los inmigrantes están huyendo, están transformando el mundo en un lugar hostil para los que no tienen documentos, incluyendo muchos niños.
Pero esta persecución se extiende. Como dijo recientemente Jerry González, miembro de la Asociación de Funcionarios latinos Electos en el estado de Georgia, estas leyes han creado "un ambiente hostil para latinos y cualquier otra persona que se ve diferente." La revista El Economista, también menciona que Alabama ha visto la salida de miles de latinos, documentados e indocumentados.
Lo que esta sucediendo en el Sureste me recuerda el éxodo que Arizona experimentó luego que los legisladores estatales aprobaran la Ley SB1070. De acuerdo al Reverendo Stephen Talmage, Obispo del Sínodo ELCA Gran Cañón – Tucson, antes y después de la firma de la Ley SB1070, alrededor de 200.000 de los aproximadamente 450.000 indocumentados en el estado, dejaron Arizona a finales del año 2008 y principios de 2010.
Aunque el éxodo parece haber disminuido a partir del 25 de Junio, cuando la Corte Suprema derogó tres disposiciones de la ley SB 1070, demasiado daño ha sido hecho y los efectos negativos a largo plazo ya se están manifestando.
Estas leyes draconianas son parte de un patrón amplio en el que día a día, se cierran más puertas a los inmigrantes. Cada día la oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) encarcela aproximadamente 34.000 inmigrantes indocumentados - muchos de ellos refugiados, solicitantes de asilo y sobrevivientes de tortura o trata de personas.
La respuesta de nuestro país es encarcelar a estos seres humanos - muchos de ellos apresados por simples faltas de trafico, en una red nacional de 260 cárceles federales, privadas, estatales y locales, que cuestan a los contribuyentes Americanos más de $2 mil millones al año. Cada día, más de 2.600 inmigrantes están detenidos en cárceles localizadas en los estados del Sínodo del Sureste. La Administración Obama ha estado deportando a estos detenidos en cifras récord.
Nuestros vecinos están huyendo y están siendo encadenados. Vinieron a los EEUU en busca de una vida mejor para ellos y sus familias. Llegaron sin documentos porque la cuota de migrantes legales que el gobierno Americano autoriza anualmente es ridículamente baja, especialmente para los que vienen del sur de nuestra frontera.
Estos vecinos nos dejan casas y bancas vacías en las iglesias, campos desatendidos y cultivos descuidados. A veces se ven forzados a dejar a sus niños –una decisión dolorosa para las decenas de miles de padres y madres con al menos un hijo ciudadano de los EE.UU. que han sido deportados de nuestro país.
¿Cuáles son las consecuencias de este éxodo masivo? Primero, todos pagamos un precio moral. Al crear este éxodo, nuestros políticos han fracasado vivir a la altura de dos valiosas normas bíblicas: el tratamiento equitativo a los migrantes y la bienvenida que debemos a todo extraño como hijo de Dios.
También el notorio gran costo económico para nuestras comunidades que de acuerdo a la Revista El Economista se traduce en miles de millones de dólares en perdidas por la caída de la productividad, aumento del costo de ejecución, y disminución del consumo e ingresos fiscales. ¿Alguien duda que estas enormes pérdidas dañan las posibilidades de nuestros hijos, despojándolos de todo desde la creación de empleo hasta escuelas mejor-financiadas?
Las familias desarraigadas pagan un costo aun más alto porque las leyes estatales extremas y la política de detención de los EEUU están fomentando un espíritu de hostilidad, recelo, y discriminación étnica en nuestras comunidades. Las familias tienen que vivir con esta carga, además de la perdida de sus seres queridos arrancados de sus hogares, años escolares interrumpidos, y pérdida de medios de subsistencia.
El éxodo masivo y doloroso que va desde Alabama a Arizona debe terminar al igual que las políticas equivocadas y las leyes que las permiten. La solución es una reforma integral migratoria a nivel federal que cumpla una serie de requisitos, más importante aun, que restaure la confianza en nuestras comunidades y abra un camino hacia la residencia permanente legal y eventual naturalización de inmigrantes que aprendan Ingles y paguen impuestos.
Esta reforma debe acelerar la reunificación de familias y su protección contra futuros intentos de separarlas. Una reforma sólida ampliaría las posibilidades para trabajadores que desean migrar legalmente a los Estados Unidos.
Por Obispo Gordy

Acerca del Autor