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EN EL DÍA DE LOS VETERANOS

José fernandez narra anectodas de guerra

Escrito el 16 Nov 2006
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Columbia, SC.- José Jorge Fernández, es un sencillo hombre que vive junto a su esposa Sonia, en un tranquilo barrio de Columbia.

Cada domingo, se le ve como asistente del sacerdote Filemón Juya, en la iglesia donde acude la comunidad hispana St John Newman.

De carácter humilde y bonachón, es conocido por la grandeza de su corazón, pues está siempre atento a dar una mano a quienes lo necesiten

Nadie pensaría que este tranquilo hombre, es el sargento mayor del ejército, quien fuera condecorado con las más altas medallas hostentadas por los militares en acción, como la Estrella de Plata (por valor), Corazón Púrpura (por herido en acción y Estrella de Bronce (por servicios militares).

Ciertamente, Fernández, es uno de los tantos hispanos, que ha servido al ejército de los Estados Unidos.

Nacido en Puerto Rico, este morocho, es un héroe en vida y sirvió como militar por 29 años.

“En este día del Veterano, en todo el país, se brinda homenaje a todos los que murieron en la guerra y a los que están vivos, se les reconoce como buenos servidores de este país”.

Fernández, recuerda los momentos que vivió como jefe de pelotón en Vietnan.

Fue un largo año, que al sargento mayor, le tocó estar frente al enemigo, en plena zona de guerra.

“Como jefe de pelotón, mi

preocupación era mis soldados, darles ánimo, fuerza, infundirle valor y velar por ellos, sobretodo cuando estaban en peligro”.

Efectivamente, fueron muchos los momentos, en los que le tocó ver la muerte de cerca, como cuando fue herido y aún así logró salvar a sus soldados caídos, heridos por el enemigo”.

“Estar en el army, ha sido y es para mí un orgullo,” dice el militar.

Tuve a mi cargo un grupo de soldados y estuve con ellos hasta el final, recuerda con nostalgia.

Cuando uno tiene gente a su mando y conviven con ellos, se logra una amistad y verlos padecer en la guerra, sea porque los hirieron o verlos morir, es muy duro.

El sargento recuerda cuando tuvo que cruzar para traer a uno de sus soldados de la zona de batalla porque estaba herido, también cuando fue herido y aún así, se rehusó a regresar para no dejar a sus soldados y cuando uno de sus soldados se puso histérico, por ver a un amigo morir en el campo de batalla.

“Se puso histérico y me tocó ir por él y controlarlo” dice mientras reflexiona: “Cuando se está en la guerra, uno piensa en su familia, pero no se arrepiente de estar ahí”.

Ya en casa, es natural que a uno se le vengan recuerdos y escenas muy duras, pero con el tiempo y el favor de Dios, todo queda atrás, finalizó.


Por Rossy Bedoya, Reportera

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