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“NUNCA DEBEN OLVIDAR A QUE VINIMOS”

Menores hispanos cruzan fronteras

Escrito el 18 Ene 2007
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Greenville, SC.- “Un señor nos trajo desde México. Llegamos a Hermosillo y de ahí nos dirigimos a Naco, Sonora, a seis horas más de Hermosillo” narra José, natural de Morelos, México.

José, como muchos otros, cruzó la frontera para llegar al famoso país de las oportunidades. Esto no sería nada extraño, de no ser porque este hombrecito, es un niño de catorce años.

“Un amigo y yo vinimos juntos. Éramos en total catorce hombres”.

Ese día llegamos a un hotel que se llama “El Rey”, pero ya en la noche salimos todos hacia el desierto.

Esa noche, la pasaron cubiertos de agua, porque llovió. “Yo quería cubrirme, pero no había nada” dice.

Todos estaban vestidos de negro como la noche oscura “tengan cuidado, porque hay alacranes” decía el coyote.

“Esas noches, se hacen bien largas, porque en la oscuridad, se escucha como las culebras mueven su cola, así nomás se escuchaba y dormíamos ahí encima, donde sea” recuerda José.

El coyote les había dicho que para cruzar el desierto, era mínimo tres días.

Un señor se sentía mal, parecía que se iba a morir, estaba deshidratado, pero uno de los meros le dió suero. Ellos caminaron y caminaron por tres días, pero para ellos, el panorama siempre era el mismo.

Solo se veía desierto por todos lados. “Dice, ya vamos a llegar al levantón” afirma, refiriéndose a las palabras del coyote, para indicar que estaban próximos a cruzar la frontera.

De pronto, los recogieron, pero algo sucedió. “Estando en el carro, nos agarraron, era el retén. Dejamos carro, dejamos todo y echamos a correr al cerro. Así pasamos escondidos un día más, hasta que agarrara señal el celular”

Con comunicación, ya pudieron saber hacia donde dirigirse.

“Eran como las 6 y salimos. Como 20 millas andamos y nomás veíamos los cerros que pasaban y la carretera”

Y así, una Van blanca los recogió. “Cruzamos frontera y de ahí no paró. Hicimos de allá hasta acá a Greenville, tres días en purito carro y veníamos todos bien aplastados” dice con sus propias palabras.

Llegaron todos, los dejaron en el grifo de la 85 con la 14. Eso les costó $1,900 a c/u.

“Lo único que yo digo, no hay que olvidarse a que vinimos. A un amigo le pasó, vino por su esposa, por sus hijas y acá se olvidó de ellas, bueno yo pienso que eso está mal, felizmente no todos somos iguales” dice con inocencia.

Nunca hay que olvidar a que vinimos, trabajar para ayudarnos y ayudar a nuestra familia, finalizó el adolescente quien dice que en 5 años se regresará con su familia a quien recuerda cada día.






Por Rossy Bedoya

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