editor@latinonewspaper.net | 15-Apr-2021 05:15:35 am

ESTE, ATLETICO NACIONAL

Desde mi punto de vista

Escrito el 09 Abr 2009
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Tantas palabras floridas, con elogios sin límite, como lenguajes incendiarios tiene el fútbol. Del incienso a la crítica pirómana, hay solo un paso. En fin, del éxito al fracaso, solo un suspiro. Lo sabe Nacional con sus lagunas de rendimiento, de funcionamiento y de resultados, acosado por la intolerancia de sus hinchas y la impaciencia de los periodistas.

Nacional se ha visto a lo largo del año acorralado por las versiones infundadas de chismes callejeros que desestabilizan, las marchas y contra marchas de los directivos y la ociosa presentación de algunos de sus jugadores, que no redimen sus penas frente a los aficionados.

¡Ohhh, Nacional! a veces tan grande… a veces tan chico.

La responsabilidad moral en los resultados adversos ha conducido a interminables debates sicológicos, físicos, técnicos, tácticos y administrativos, con mensajes confusos que agigantan la crisis.

A sólo dos años de consagraciones ruidosas, el verde ha tocado fondo, sin aprontar soluciones radicales a su compleja problemática. ¿Cuántos beneficiados tiene esta crisis?. Se puede hablar de errores en la plantación del equipo, en el incumplimiento de las tareas en el campo, en la displicencia y hasta en el conformismo, por la tendencia a mirar a otro lado cuando el

revés persiste. En medidas disciplinarias inapropiadas como soluciones sin piso, en falsos positivos, con chivos expiatorios separados del primer equipo, lo que llena de alharaca los medios.

Nacional tiene una fanaticada fabulosa, una nómina de lujo y un respaldo financiero envidiable. Es, en el medio, poderoso. Pero algunos jugadores, en la cancha, se hacen invisibles, prófugos de sus obligaciones, consentidos en la remuneración pero inactivos en sus

responsabilidades. siembran el pánico por su influencia, la misma onda destructiva que, se dice, tienen algunos históricos retirados, que opinan desde sus trincheras.

No ha podido Nacional dominar ese monstruo que nació en su interior y que amenaza con arrasarlo. Un buen resultado hoy, tan extraño, tan milagroso, no frena la erosión interna que se vive.

Algunas minorías abigarradas, que se hacen llamar barras iracundas, siembran el pánico por su influencia, la misma onda destructiva que, se dice, tienen algunos históricos retirados, que opinan desde sus trincheras.

La mejor manera de conjurar la crisis, no es entrar al coro vociferante que desafía. Es mirar con seriedad, objetividad y sensatez los problemas y las convenientes soluciones.

Por: Mario Echeverry, de los Dueños del Balón

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