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LA VIEJA Y LA NUEVA CUBA: DOS PAÍSES QUE SE ENFRENTAN A UN MISMO DESAFÍO

Escrito el 05 Feb 2015
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HABANA.- Cuba se enfrenta hoy a su hora de la verdad "antes que anochezca". El título de la desgarradora biografía de Reinaldo Arenas ilustra los tiempos que corren en esta isla perdida en el mar y en el tiempo. Hoy, 56 años después del triunfo de la revolución, toca cambiar o morir.
Los "cambios estructurales y de concepto", anunciados por Raúl Castro tras heredar el poder de su hermano Fidel, sitúan a la isla frente a su propio espejo. Y lo que se ve en el laberinto nacional son dos Cubas de contrastes extraordinarios, pero que comparten las mismas calles, en un país que se dedicó al arte de hacer ruinas.
Por un lado, la nueva Cuba, pujante, dispuesta a aprovechar la "actualización" del sistema socialista y alentada por el histórico deshielo con Estados Unidos. Por otro, la vieja, la de la libreta de racionamiento, los eternos autos norteamericanos y las consignas revolucionarias que gritan en las paredes. Y entre una y otra, las reformas, donde algunos encuentran similitudes con la China de los 80: los cubanos ya pueden comprar celulares y autos, aunque sus precios son inalcanzables. Se pueden hospedar en hoteles, cuyas habitaciones sólo son para los más privilegiados. Se repartieron tierras que no producían (más del 80%) entre agricultores aplastados por la burocracia.
Ahora incluso pueden vender sus departamentos cuando antes, como mucho, conseguían permuta. Sobre Cuba vuelan las mismas sombras de casi siempre y algunas luces que comienzan a aparecer, encendidas por la esperanza de 11 millones de habitantes.
El histórico deshielo entre Estados Unidos y el gobierno de Raúl ha llevado hasta sus calles un optimismo exacerbado que casi todos comparten. Hay excepciones, por supuesto.
"Los cubanos tenemos una cosa, no sé si es buena o mala: nos reímos de todo, incluso de nuestra vida desgracia." Luis Fernández cumplió 88 años, la misma edad del oculto Fidel, que hace un año que no aparece en público.
Cada una de sus palabras desborda dignidad. "Esto está imposible, pero ahora la gente piensa que en unos días estaremos mascando chicle y fumando Camel", reflexiona el anciano de camino a la bodega, a donde acude armado de su libreta de racionamiento. Con el estómago vacío y los bolsillos llenos de hastío. Es uno de los miles de cubanos que depende de la vieja cartilla para sobrevivir, pese a su anoréxica oferta: arroz, picadillo de soja, un líquido que aseguran es aceite, algo de pollo?

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