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Lo que esconde el trastorno obsesivo-compulsivo

Los pensamientos obsesivos y las compulsiones que ofrecen un falso alivio pueden incapacitar a quienes padecen esta condición

Escrito el 16 Oct 2015
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John tenía miedo que apuñalaría a su bebé. No podía zafarse de la idea: él con un cuchillo matando a su bebé. El pensamiento le daba terror y las ideas violentas se seguían multiplicando. Comenzó a pensar que iba a apuñalar a su esposa. Estaría en el tren de camino al trabajo y se imaginaba golpeando a la viejita sentada a su lado. Lo consumía la ansiedad de que le haría daño a alguien.

Ese fue el primer caso de trastorno obsesivo-compulsivo que atendió la doctora Valerie Stipes, sicóloga clínica y cofundadora de Viva Clinic, durante su práctica en Boston. John (nombre ficticio) era un estudiante de doctorado en bioquímica, y él y su esposa acababan de convertirse en padres cuando comenzaron a llegar los pensamientos.

“Estaba ansioso porque estaba convencido que se había convertido en un sicópata, pero los sicópatas no le tendrían miedo a sus pensamientos”, explica la doctora.

El trastorno obsesivo-compulsivo (OCD, por sus siglas en inglés) es una alteración mental con base neurobiológica en el que la persona sufre de pensamientos obsesivos y desarrolla compulsiones para mitigarlos.

“Lo más importante, como todo trastorno psiquiátrico, tiene que haber disfunción. Esto es algo que a la persona le cause tanta molestia, que se sienta mal, que empiecen a dejar de ir a trabajar, dejar sus estudios, no poder hacer su responsabilidades. Hay personas que se sienten tan mal que llegan a contemplar el suicidio o que se deprimen debido a que estos síntomas le causan tanto malestar. Es una condición bien seria que puede tener unas repercusiones sobre todo si no se le da tratamiento”, advierte la doctora Karen Martínez, psiquiatra infantil y directora de la Clínica Especializada en Tratamiento de Miedo y Ansiedad (Cetma) en el Recinto de Ciencias Médicas.

Aunque existen casos de personas que solo tienen obsesiones o compulsiones, lo más común es que se presenten ambos, según las expertas consultadas.

Las obsesiones son pensamientos recurrentes, intrusivos, ilógicos y que causan mucho malestar, ansiedad o miedo. La persona no quiere tener estos pensamientos, pero no los puede controlar. Para reducir la ansiedad o cancelar los pensamientos obsesivos, la persona realiza lo que se conoce comocompulsiones: acciones, rituales, conductas o pensamientos que se hacen repetitivamente, en secuencias específicas o una cantidad particular de veces, define el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales V (DSM V).

Las obsesiones pueden manifestarse de diferentes maneras y las compulsiones se ajustan al tipo de obsesión que la persona está experimentando. Cuando sufre una obsesión de contaminación, por ejemplo, el miedo irracional es a los gérmenes o a enfermarse. Una persona con esta obsesión piensa que tocar la manija de una puerta lo expone a gérmenes, por lo que después de tocarla se lava las manos o se baña repetidamente.

Las obsesiones sexuales por otro lado, son deseos sexuales que llegan a la mente pero que la persona encuentra desagradable, como tener sexo con niños o animales o incluso que han cambiado de sexualidad. Esto los puede llevar a tener compulsiones como evitar a las personas o animales con los que estrían obsesionados o rezar compulsivamente para cancelar ese deseo perturbador. Eso es diferente a las obsesiones religiosas. En esos casos, la persona podría pensar que le ha fallado a Dios o que hizo un pacto con el demonio, por lo que rezan o dicen ciertas frases para mitigar la idea de que han pecado.

Las obsesiones de simetría son las más se ven en las películas cuando un personaje tiene trastorno obsesivo-compulsivo: necesitan que las cosas estén justo como quieren y la compulsión puede ser que las ajustan en secuencia para asegurarse que estén exactamente como quieren. Otra obsesión es la de hacer daño. Puede ser a seres queridos, a extraños o a ellos mismos, entre otras manifestaciones como en el caso de John. Su obsesión causó que dejara de entrar al cuarto de su hijo. También evitaba entrar a la cocina por miedo a estar cerca de cuchillos.

Hay otras maneras que las obsesiones se pueden manifestar, pero estas son las más comunes, según los doctores. En ocasiones puede haber más de una obsesión o las obsesiones pueden cambiar. Stipes pone como ejemplo las jóvenes que se obsesionan con los estudios y compulsivamente repasan para exámenes, aunque dominen el tema perfectamente. Estas eventualmente pueden desarrollar otro tipo de obsesiones como obsesiones sexuales o incluso desórdenes alimenticios como anorexia, donde la obsesión es que percibe que está sobrepeso aun cuando está peligrosamente delgada y la compulsión es evitar la comida.

¿Obsesión o psicosis?

Cabe señalar que la persona con trastorno obsesivo-compulsivo no va actuar sobre el pensamiento obsesivo. A menudo la persona reconoce lo irracional tanto del pensamiento como de las acciones que toma para evitarlo. En otros casos, como el de John, piensan que algo terrible les ocurre o que están perdiendo la cordura.

“Yo creo que lo más importante es hacer la distinción de si la persona está consciente de la realidad o si está fuera de la realidad. Porque hay algunas obsesiones y compulsiones que son bien raras pero si la persona te dice, yo sé que eso es raro, yo sé que no debería estar pensando en eso, pues padece una obsesión. Si la persona te dice, yo creo que sí es verdad, eso podría ocurrir, pues ya ahí padece más psicosis. Y esa distinción a veces es bien difícil de hacer”, explica Martínez.

El trastorno obsesivo-compulsivo puede afectar a cualquier edad, aunque es más propenso durante la pubertad, en adolescentes y en jóvenes adultos. En niños, el OCD se puede confundir con autismo altamente funcional o síndrome de déficit de atención. Incluso se puede entender que el niño es impulsivo, impaciente o “maniático”, dependiendo de sus síntomas.

Las obsesiones muchas veces no tienen una causa aparente, pero en otras ocasiones un evento estresante como la pérdida de un ser querido, algún cambio drástico en el trabajo u otro evento de vida impactante puede exacerbar los síntomas del trastorno. En las mujeres, cambios hormonales drásticos pueden traer síntomas de OCD, como el periodo de embarazo, el posparto o la menopausia.

Los expertos señalan que existe un trastorno de personalidad obsesivo compulsivo (OCPD, por sus siglas en inglés) diferente al trastorno de ansiedad. En ese caso, la persona no sufre de pensamientos obsesivos sino que vive siguiendo firmemente unas reglas autoimpuestas y con una necesidad insuperable de que todo esté en orden, al punto de que son inflexibles en su perfeccionismo, segun lo define la Fundación Internacional de OCD. Sí es posible que un paciente padezca de ambas condiciones simultáneamente, sin embargo, el tratamiento para OCPD es diferente al de OCD.

Tratamiento para OCD

El tratamiento para el trastorno obsesivo compulsivo se llama “Exposure and Response Prevention” (exponer y prevenir una reacción; ERP, por sus siglas en inglés). Es un tratamiento intensivo que a menudo se da en conjunto con medicamentos conocidos como los inhibidores de recaptación de serotonina, como Prozac y Zoloft, en dosis alta. Aunque no siempre se medica, sí es esencial que la persona reciba psicoterapia ERP.

“Nadie se cura del trastorno obsesivo-compulsivo. Las personas pueden llegar a tener sus síntomas totalmente bajo control y yo tengo muchos pacientes que llegan a un punto que no tienen síntomas”, señala la psiquiatra.

Como parte del tratamiento primero educan a la persona sobre la condición para poder pasar entonces a la parte psicológica de retar los pensamientos, exponiendo a la persona a lo que le causa ansiedad e inhibiendo las compulsiones.

“Uno comienza con las (obsesiones) más leves para que no le dé un ataque de pánico el primer día ni que salga corriendo y no vuelva. El límite de ansiedad de los puertorriqueños no necesariamente es el más alto. Así que lo que queremos es llevarlos poco a poco, que se expongan, vean los beneficios, los sientan en el día a día”, indica el doctor Luis Caraballo, sicólogo clínico que trabaja casos de trastorno obsesivo-compulsivo en Cetma.

En el caso de John, cuenta Stipes, primero comenzaron acercándolo a los cuchillos. Eventualmente, le pidieron que pusiera un cuchillo contra el cuello de su esposa para que se diera cuenta que no la dañaría.

“Tú ayudas a la persona a que haga un análisis más científico: ¿esto es real o esto viene a base de mi miedo o la ansiedad? Después que tú haces ese análisis lo llevas a aceptarlo. No es solamente que lo analice sino que acepte el producto de eso”, explica Caraballo.

El propósito es que,  eventualmente, el paciente pueda utilizar las herramientas de la terapia para ser “su propio terapeuta” como dice Martínez y aplicarlas a cualquier obsesión y compulsión.

“Si tienen los síntomas o tienen la duda, que busquen tratamiento”, concluye la doctora.
El Nuevo Día

Wilfredo Leon
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