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NIÑO COMPARTE TRISTE EXPERIENCIA

Mi madre nunca entraba a mi cuarto y mi padre no cruzaba más de 10 palabras conmigo

Escrito el 25 Oct 2007
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Greenville, SC.- “Recuerdo mi niñez, siempre nervioso, con miedo. Cuando íbamos con la familia a la playa, mi padre me metía al mar a la fuerza. Le gustaba lucirse. Yo estaba aterrado, él quería que me vean valiente, perfecto, yo solo tenía 5 años”.

Diego, es un niño hispano, que quiso conversar con LATINO, para compartir su historia, antes de irse de la ciudad, una gran decisión.

Cuando mi pa’ se molestaba, me pateaba en el piso como a un grande, cuenta entre lágrimas Diego, un niño que desde los 14 entró en el oscuro mundo de las pandillas.

Un día, llegó su tío justo cuando su papá le estaba pegando, tenía 11 años y el tío se puso entre los dos.

Mi tío le dijo: “Pégame a mi, pero no toques a mi sobrino”. Ese fue una de las pocas veces que recuerda, alguien lo defendió, su madre solo se asustaba.

Ahora tengo 16 años, 8 viviendo acá. Soy fuerte y se defenderme muy bien. El no intenta ni insultarme, pero es mi padre y a pesar de todo lo quiero.

Diego, sabe lo que es pelear en la calle, asaltar a mano armada, consumir marihuana, vender droga, fabricar crack (piedra) y estar en una pandilla.

Sus recuerdos de niñez, se mezclan recordando a un papá violento, fanfarrón y mujeriego.

Para sus 15 años, llegó su papá y le puso una botella de vodka en la mesa para que la bebiera con sus amigos.

Diego, vestía siempre de negro. Su caminar era distinto, participaba poco en las reuniones familiares, renegaba mucho y casi no hablaba.




Sus brillantes notas, se opacaban con la conducta, siempre por debajo del límite. Sus amigos, casi todos afro-americanos vestían como él.

Diego, recibió la visita de su más querido tío, ese que le enseñó a entrar en la playa como jugando, el que lo defendió contra la golpiza de su padre.

“Le conté todo a mis tíos. Por primera vez, alguien de mi familia se quedaba más de una hora conversando conmigo y entre sinceridad y lágrimas, saqué de mi cuarto una gran cantidad de droga y la arrojé en el lago, cerca de mi casa”.

La tenía en mi cuarto, ese cuarto que no tenía una buena cama, aunque mis padres siempre tenían para ir de fiesta cada fin de semana, contó.

El cariño y la atención que me dieron mis tíos en esos 10 días que estuvieron, fue más de la atención que recibí de mis padres, en toda mi vida.

Creo que dentro de mí, estaba rogando que alguien me salvara. Vi de pronto a mis hermanitos y lloré mucho.

Diego, quiere mejorar su vida. Sus amigos no se lo permiten, pero sus padres, han decidido mudarse para salvarlo de algo que ellos nunca se dieron cuenta, estaba viviendo su hijo.

“Quise contarles mi vida, como un mensaje a los padres. Ellos nos traen al mundo y a veces, ellos nos botan a la calle con sus actitudes y su falta de interés en nosotros”.

Ahora hablo más con ellos y con mis hermanos a quienes adoro.

Espero un día poder escribirles y contarles que soy un profesional, finalizó ensayando una ligera sonrisa.


Por Rossy Bedoya, Reportera

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