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Obispos católicos de EEUU piden una política migratoria humanitaria

Escrito el 09 Ene 2017
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A menos de dos semanas de la toma de posesión del presidente electo Donald Trump, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) se pronunció por una política inmigratoria humanitaria que ayude a Estados Unidos a rescatar su tradición como país hospitalario.

El llamado fue hecho a través de una declaración conjunta firmada por el cardenal de Houston, Daniel DiNardo, y el arzobispo de Los Ángeles, José Gómez, presidente y vicepresidente de la USCCB respectivamente con motivo de la Semana Nacional de la Migración que se celebra del 8 al 14 de enero.

"Esta Semana Nacional de Migración es una oportunidad para acoger la importante labor de seguir asegurando la frontera, de dar la bienvenida al extranjero y servir a los más vulnerables, todos los componentes de una política humanitaria de inmigración", señalaron.

La proclama no menciona directamente a Trump, quien juramentará al cargo el 20 de enero en medio de un clima de incertidumbre debido al discurso antiinmigrante que el empresario esgrimió durante su campaña.

Futuro imprevisto


Teniendo en cuenta el nerviosismo que reina en la comunidad inmigrante, la USCCB destaca que los estadounidenses tienen un "gran patrimonio" de dar la bienvenida al recién llegado que está dispuesto a ayudar a construir una mejor sociedad para todos.

Los religiosos lamentaron que, en ocasiones, "el miedo y la intolerancia han puesto a prueba ese patrimonio. Ya sea que emigraron de Irlanda, Italia o muchos otros países, las generaciones anteriores enfrentaron intolerancia".

Pero "gracias a Dios, nuestra nación creció más allá de esas divisiones para encontrar fuerza en la unidad y la inclusión", subrayaron.

La migración es, dijeron, “más que nada, un acto de gran esperanza. Nuestros hermanos y hermanas que se ven obligados a migrar sufren separaciones familiares devastadoras y a menudo enfrentan condiciones económicas desesperantes".

Los refugiados


La USCCB también se refirió a los miles de refugiados que huyen de sus países a causa de guerras y persecuciones, situaciones que los obliga a arriesgarlo todo por una oportunidad de vivir en paz.

"Como católicos, en Estados Unidos la mayoría de nosotros puede encontrar historias en nuestras propias familias de padres, abuelos o bisabuelos que han dejado el viejo país por un futuro prometedor en Estados Unidos", indicaron.

Trump, desde un comienzo de su campaña, ha atacado a los inmigrantes. En junio de 2014, cuando se lanzó para conquistar la Casa Blanca, dijo que los inmigrantes mexicanos eran criminales, violadores y traficantes de drogas. Luego advirtió que de ganar la elección, deportaría a los 11 millones de indocumentados.

Luego el empresario inmobiliario dijo que sólo deportaría hasta tres millones de inmigrantes “ilegales” con antecedentes criminales, y que una vez asegurada la frontera decidirá qué hará con el resto.

Planes a medias


El 31 de agosto en Phoenix, Arizona, Trump anticipó que aquellos indocumentados que no tengan antecedentes criminales deberán salir del país para gestionar una visa y regresar.

El plan preocupa a la comunidad inmigrante porque, según las actuales leyes de inmigración, si salen les cae encima la denominada Ley del Castigo que sanciona hasta con 10 años la permanencia indocumentada en Estados Unidos.

Trump también ha dicho que cancelará las órdenes ejecutivas migratorias del presidente Barack Obama, entre ellas la Acción Diferida de 2012 (DACA) que ampara de la deportación a unos 750,000 dreamers. Y que construirá un muro en la frontera con México.

No es la primera vez


Esta es la segunda ocasión en que los obispos católicos estadounidenses dirigen un mensaje al nuevo gobierno que asumirá la próxima semana.

El 15 de noviembre, siete días después de la elección de Trump, los obispos católicos le enviaron una carta para decirle que estaban esperanzados en que comenzará su mandato “reconociendo” las contribuciones de los inmigrantes a la nación, y que no separará a las familias con su plan de deportaciones masivo advertido durante la campaña.

Los religiosos presentaron la petición en el inicio de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), que cada año reúne en el otoño en Baltimore, Maryland. Los obispos saludaron la elección de Trump e indicaron que el servicio y la bienvenida a las personas que huyen de los conflictos, y de la violencia, es parte de su identidad como católicos, por lo que continuarán ofreciendo esta ayuda.

“Continuaremos promoviendo políticas humanas que protejan la dignidad inherente de refugiados y de los inmigrantes, para mantener unidas a las familias, a la vez que conservamos el honor y el respeto las leyes de este país”, dijo el arzobispo de Luisiana, Joseph Kurtz.

Kurtz dijo además que “es un deber acoger y proteger a los recién llegados, en particular a los refugiados”, y mostró su disposición a trabajar con el nuevo gobierno para garantizar la recepción de refugiados con humanidad.

Sin rodeos


La USCCB ha señalado que obispos y religiosos tienen que defender a las familias indocumentadas que temen las políticas de inmigración de Trump, y ha expresado su apoyo a los “hermanos y hermanas” que llegan al país huyendo de la persecución y para trabajar “duro”: “Estamos con ustedes”, ha reiterado.

Desde que Trump ganó la elección el 8 de noviembre, el miedo y la incertidumbre se han apoderado de la comunidad inmigrante que teme una agresiva política de deportaciones a partir del 20 de enero.

Trump ha dicho que creará una fuerza nacional de deportaciones para ubicar, arrestar y deportar a los inmigrantes “ilegales” con antecedentes criminales.

A finales de junio, cuando la Corte Suprema de Justicia no tomo decisión sobre la Acción Ejecutiva migratoria de Obama que incluía los programas DACA y DAPA, el obispo Eusebio Elizondo, presidente del Comité sobre Inmigración de la USCCB, dijo que los inmigrantes sin estatus migratorio no deben ser separados de sus familias “porque son nuestros hermanos”.

Los programas DACA y DAPA amparaban de la deportación a unos cinco millones de indocumentados padres de ciudadanos y residentes legales permanentes, y ampliaba los beneficios de la Acción Ejecutiva de 2012 (DACA), que protege a miles de jóvenes indocumentados que entraron siendo niños a Estados Unidos y se les conoce como dreamers.
CNN Español

Wilfredo Leon
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