Otra vez un mexicano es el mejor en Hollywood:

Guillermo del Toro gana los dos Oscar principales con ‘The Shape of Water’

Escrito el 09 Mar 2018
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Parecía imposible que un mexicano volviera a ganar el premio al mejor director del año en los Oscar. Pero
Guillermo del Toro, con 'La forma del agua', su bella fábula sobre el amor y su poética crítica al “cinismo de los tiempos actuales”, lo logró.
En 2016 ‘The Revenant’ convirtió en mejor director a Alejandro G. Iñárritu, que ya lo había ganado el año anterior por ‘Birdman’. ‘Gravity’ se lo consiguió a Alfonso Cuarón en 2014.
Al momento de subirse al escenario, Guillermo del Toro no dudó sobre el mensaje que tenía que impartir en unos premios marcados por las referencias a la inmigración y la diversidad: “Soy un inmigrante como Alfonso y Alejandro, mis compadres, como Gael y Salma y muchos de ustedes y en los últimos 25 años he estado viviendo en un país propio.
Parte de él está aquí, parte de él está en Europa, parte de él está en todas partes… Creo que lo mejor que hace nuestro arte y nuestra industria es borrar las líneas en la arena. Deberíamos continuar haciendo eso”. "Buenas noches", "viva
Latinoamérica" y "viva México" son algunas de las frases que se oyeron en español en la 90 edición de la gala de los Oscar, quizá los más hispanos de su historia. Se recordó a los dreamers, hubo una alusión al muro y otra a la representación de personajes hispanos en unos Oscar beligerantes.
De hecho, la fábula de Guillermo del Toro y su moraleja parecen más pertinentes que nunca. 'La forma del agua' está ambientada en un mundo en el que existen tensiones nucleares de Estados Unidos con Rusia, donde impera el racismo, los gays son vilipendiados, los extraños son una amenaza y donde la mujer de la limpieza tiene que soportar que su jefe -que ostenta un Cadillac, una mujer rubia en casa y un televisor en la sala- le diga que podría hacerla gritar en la cama a pesar de ser muda.
No era descabellado prever que el director mexicano se llevara la estatuilla a Mejor Director, después de que los
Golden Globes y los Premios Bafta le dieran su venia también en esta categoría. Como él mismo lo ha confesado esta es al fin y al cabo, una película “cargada de amor: amor a la vida, amor al cine, amor al amor”.
La incursión de este creador de monstruos y mundos fantásticos en los grandes premios de Hollywood no es reciente. Hace una década, en 2007, su película ‘El laberinto del fauno’ había recibido seis nominaciones para los Oscar entre las que se contaban Mejor Película en Lengua Extranjera, Mejor Guion Original, Mejor Maquillaje, Mejor Fotografía, Mejor Dirección Artística y Mejor Banda Sonora. De las seis, recibió tres, pero se le escapó de las manos la más apetecida que fue entregada a la cinta alemana ‘La vida de los otros’.
Hoy, al igual que en aquellos años, los méritos de Guillermo Toro siguen estando relacionados a su capacidad de crear criaturas fantásticas, monstruos exquisitos y entrañables que parecen retar igual a quienes tienen que recrearlos como a quienes son sus testigos. Esta devoción del directo por la monstruosidad empezó desde pequeño, cuando en Guadalajara, México descubrió la publicación estadounidense ‘Famous Monsters of Filmland’, una serie de facsímiles que empezó a coleccionar y que no solo le ayudaron a familiarizarse con el inglés, sino que le llenaron la cabeza con referencias de los monstruos cláscos como los vampiros, las momias y Frankenstein.
Su obsesión fue tal que, según bromeó alguna vez el director en una entrevista, su abuela, una verdadera
matrona mexicana, intentó exorcizarlo dos veces. Con bendiciones y escapularios quería sacarle esos demonios que tenía adentro y que lo hacían pintar una y otra vez sobre hojas de cuadernos seres de otros mundos. La abuela, claro, “no lo logró”. No porque su devoción no fuera suficientemente fuerte, sino porque los monstruos que habitaban en la cabeza de su nieto estaban destinados a salir de otra manera.
Redacción Periódico Latino

Wilfredo Leon
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