Por qué puede ser dañino para las niñas decirles que las mujeres pueden ser lo que quieran

Una profesora de psicología investigó cómo deshacerse de estereotipos racistas y machistas y sus hallazgos ofrecen soluciones que no te esperarías.

Escrito el 13 Mar 2017
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Para cuando los niños comienzan la escuela primaria el género y la raza ya definen sus vidas de maneras que los padres probablemente querran evitar. Incluso en el primer grado, las niñas son menos propensas que los niños a pensar que los miembros de su propio sexo son realmente 'inteligentes'. Y a la edad de tan solo tres años, los niños blancos en Estados Unidos aprueban implícitamente estereotipos de que las caras de las personas afroestadounidenses se ven más enojadas y agresivas que las de las personas blancas.

Estos estereotipos van más allá de creencias infantiles: también pueden condicionar la conducta de un niño. A la edad de 6 años, las chicas son menos propensas que los chicos a elegir actividades que parecen requerir que sean realmente inteligentes, lo cual podría contribuir al desarrollo alargo plazo de diferencias de género en los logros en las ciencias y las matemáticas.

¿Por qué se desarrollan los estereotipos en niños tan pequeños? Como profesora de desarrollo social y cognitivo temprano, mi investigación ha revelado cómo las características sutiles del lenguaje contribuyen a una tendencia en los niños a ver el mundo a través del lente de los estereotipos sociales.

El problema de la generalización


Muchos padres intentan impedir el desarrollo de los estereotipos en los niños tratando de no decir cosas como, 'los chicos son buenos en matemáticas', o 'las chicas no pueden ser líderes'. En su lugar, los padres entonces se esfuerzan por decir cosas que sean positivas, como 'las chicas pueden ser lo que deseen'.

Pero nuestra investigación ha revelado que, para la mente en desarrollo, incluso estas afirmaciones positivas pueden tener consecuencias negativas.

Para los niños pequeños, la forma en que hablamos a menudo es más importante que lo que decimos. Las generalizaciones, incluso aunque solamente digan cosas que son positivas o neutrales, como 'las chicas pueden ser cualquier cosa que deseen', 'los hispanos viven en el Bronx' o 'los musulmanes comen comidas diferentes', comunican que podemos saber cómo es alguien con sólo saber su sexo, origen étnico o religión.

En nuestra investigación, publicada en Child Development, descubrimos que escuchar generalizaciones provocó que los niños de incluso dos años de edad asumieran que los grupos marcan diferencias importantes y estables entre las distintas personas.

Lo que reveló un experimento


En este estudio, a los niños se les presentó una nueva forma inventada de clasificar a las personas: 'Zarpies'. Si sólo escuchaban declaraciones sobre personas concretas (por ejemplo, 'Estos Zarpies susurran cuando hablan'), los niños seguían tratando a las personas como individuos, aunque estaban todos marcados con la misma etiqueta y vestían ropas similares.

Pero si escuchaban la misma información como una generalización (por ejemplo, 'Los Zarpies susurran cuando hablan'), empezaban a pensar que los 'Zarpies' eran muy diferentes a todos los demás. Escuchar generalizaciones llevaba a los niños a pensar que ser miembros de un grupo determinaba cómo serían esos miembros.

En otro estudio reciente, descubrimos que escuchar estos tipos de generalizaciones (aunque ninguna de ellas fuera negativa) llevaba a los niños de 5 años a compartir menos recursos (en este caso, pegatinas de colores) con los miembros ajenos a sus propios grupos sociales.

Estos hallazgos demuestran que escuchar generalizaciones, incluso positivas o neutrales, contribuye a la tendencia a ver el mundo a través del lente de los estereotipos sociales. Es la forma de la frase, no exactamente lo que dice, lo que les importa a los niños pequeños.

De grupos a individuos


Nuestra investigación implica que las generalizaciones son problemáticas, incluso aunque los niños no las entiendan.

Si un niño oye, 'los musulmanes son terroristas', el niño podría no saber lo que significa ser musulmán o terrorista. Pero aun así el niño puede aprender algo problemático: que los musulmanes, sean quienes sean, son un tipo de persona distinta. Que es posible hacer suposiciones acerca de cómo es alguien simplemente conociendo si es o no musulmán.

El lenguaje que utiliza detalles (en lugar de hacer afirmaciones generales) evita estos problemas. Frases como 'su familia es hispana y vive en el Bronx', 'esta familia musulmana come comidas diferentes', 'esas chicas son muy buenas en matemática', 'puedes ser lo que desees ser', evitan hacer afirmaciones generales acerca de los grupos.

Utilizar un lenguaje específico también puede enseñarles a los niños a desafiar sus propias generalizaciones y las de los demás. Mi hijo de tres años anunció recientemente que 'los chicos tocan guitarra', a pesar de conocer a muchas mujeres guitarristas. Esto me preocupó, no porque importara mucho lo que piensa acerca de tocar la guitarra, sino porque esta forma de hablar significa que está empezando a pensar que el género determina lo que puede hacer una persona.

Pero hay una manera muy fácil y natural de responder a declaraciones como éstas, que, según nuestras investigaciones, reduce la creación de estereotipos. Simplemente se debe decir, 'Ah, ¿en quién estás pensando? ¿A quién viste tocar guitarra?'. Los niños suelen tener a alguien en mente. 'Sí, ese hombre en el restaurante tocó la guitarra esta noche. Y sí, también el abuelo'. Esta respuesta lleva a los niños a pensar en términos de individuos, en lugar de grupos.

Este enfoque funciona también para las generalizaciones más sensibles: cosas que un niño podría decir, como 'los chicos grandes son malos', o 'los musulmanes usan ropas raras'. Los padres pueden preguntarles a los niños sobre quiénes están pensando y discutir cualquier incidente específico que tengan en mente. A veces los niños hablan de esta manera porque están probando si es sensato hacer una generalización. Al llevarlos de vuelta al incidente en cuestión, les hacemos saber que no es sensato.

Cada interacción cuenta


¿Cuánto importa realmente este pequeño cambio en el lenguaje? Padres, maestros y otros adultos no pueden controlar todo lo que los niños escuchan, y la exposición a ideas explícitamente racistas, sexistas o xenófobas también puede influir en la opinión de un niño sobre las normas y los valores sociales.

Pero los niños desarrollan su sentido del mundo a través de las conversaciones minuto a minuto con los adultos importantes en sus vidas. Estos adultos tienen poderosas plataformas con sus hijos. Como padres y cuidadores podemos utilizar nuestro lenguaje cuidadosamente para ayudar a que los niños aprendan a verse a sí mismos y a los demás como individuos, libres de escoger su propio camino. Con nuestro lenguaje podemos ayudar a los niños a desarrollar hábitos mentales que desafíen, en lugar de apoyar, las opiniones estereotipadas sobre las personas que nos rodean.

 

Por: Marjorie Rhodes, profesora asociada de psicología de la Universidad de Nueva York
Univision

Wilfredo Leon
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