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PRIVADOS DE LIBERTAD Y DE LUZ

Los presos del servicio de inmigración

Escrito el 17 May 2007
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El calor es agobiante fuera del pabellón de mujeres del centro de detención Willacy para inmigrantes, en Raymondville, Texas (sur), y dentro de una tienda de lona, climatizada pero sin ventanas, 50 mujeres esperan que llegue otra hora, una más de las 22 que cada día pasan allí encerradas sin ver la luz del sol.

Sentadas en sus camas, de espaldas a las cámaras, sin poder hablar y obligadas a mirarse los pies para no mostrar el rostro, las internas recibieron a un grupo de periodistas, incluida la AFP, autorizado por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) a realizar una visita guiada al establecimiento.

Unas 500 mujeres y 1,500 hombres de 30 nacionalidades se distribuyen en las 10 carpas de lona tensada color arena que componen este centro de detención, ubicado al rayo del inclemente sol tejano, a 70 km de la frontera con México.

Ni ellas ni ellos son presos, sino "detenidos", porque Willacy no es una prisión, sino un "centro de detención" para inmigrantes sin papeles que esperan el "proceso administrativo" de su caso, explicó uno de los funcionarios a cargo del establecimiento, Fred Fierro, vestido de impecable saco y corbata.

Construido en 90 días e inaugurado en agosto del año pasado, desde fuera este "centro de detención" rodeado de cercas de seguridad y alambrados de púa de acero, bajo supervisión del ICE pero administrado por privados, no luce demasiado diferente a las dos cárceles que tiene a su lado.

Por dentro, aunque no se ven rejas en los dormitorios, el régimen de reclusión es estricto, como en cualquier prisión.

Aunque presuntamente violaron leyes estadounidenses, los detenidos no son considerados "criminales", insistió Nina Pruneda, encargada de relaciones públicas de ICE.

"Tenemos una muy pequeña capacidad para criminales menores (no peligrosos)", explica por su parte Michael Watkins, asistente de campo de la dirección del centro.

La mayoría de los detenidos son inmigrantes ilegales latinoamericanos, perseguidos por delitos migratorios.

"Los principales países aquí son El Salvador, Nicaragua y Honduras", explica Watkins.

De hecho, un 80% de los arrestados son salvadoreños, acota Fierro.

Dentro del pabellón de mujeres, el silencio es absoluto. Algunas de las internas se cubren el rostro con sus cabellos largos para no ser tomadas por los lentes de los fotógrafos y camarógrafos.

La única luz en el lugar proviene de tres enormes focos de neón ubicados en el techo.

El piso de cemento pulido luce limpio, igual que los baños y la sala de esparcimiento. Las camas están tendidas y algunos uniformes azules, que indican que se trata de personas detenidas bajo cargos migratorios, yacen doblados.

Una sala en el extremo del pabellón tiene un televisor, tan pequeño como la lista de cosas que se pueden hacer bajo la tienda.

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