SER DUEÑO DE UNO MISMO

Escrito el 02 Feb 2018
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Me gustan aquellos gentíos que son dueños de sí mismos, que no juzgan y tienden manos, aquellos que miran a los demás sin etiquetas, con la mirada del consuelo y las lentes de la
generosidad, porque actuando así se construye un mundo más habitable y
humano. Por el contrario, me
desaniman los que se desentienden de todo y practican la indiferencia ante su análogo. A pesar de ello, creo que la legión de bondadosos es superior a la de los inhumanos.
Algún lector me dirá, ¿y eso por qué? Quizás sea algo innato, puesto que no se puede cimentar nada, sino es a base de la compasión. Precisamente, desde esa originalidad del desprendimiento de uno mismo en favor de los otros es cómo
podemos alcanzar una sociedad
floreciente; con unos moradores en los que realmente cada uno viva para los demás, y los demás vivan para cada uno.
Reivindiquemos ser dueños de uno
mismo en una sociedad que tantas veces nos roba hasta nuestra propia esperanza de subsistencia. Justo por ello, hoy más que nunca, necesitamos reencontrarnos.
El día en que todos los seres humanos se abracen a sus latidos, a su paz interior, será un signo evidente de que hemos
hallado la comunión entre todos, a través de lo que somos: más espíritu que cuerpo, más verdad que mentira, más bondad que maldad. Por tanto, bajo esta galaxia poética, hemos de abrir las
puertas del alma a refugiados y
migrantes.
Todos, absolutamente todos,
tenemos la responsabilidad de hacer frente a tantos sembradores de odio y venganza, cada cual desde su posición, si en verdad
queremos levantar un porvenir digno para todos, de respeto a los derechos humanos y de acatamiento a los valores y principios inherentes a nuestra
existencia.
Para desgracia nuestra, continuamos viviendo en ese estado de amenaza
permanente, de esclavitud ante una
caterva de explotadores a los que habría que reconducir hacia una vida más
sensible con el soplo humano.
La tarea no es imposible. Es cuestión de querer, de asumir este deber, el de
respetar la libertad de cada uno. Ya está bien de tanta propaganda, de tanto engaño y manipulación. Conocemos los horrores del pasado. No los repitamos.
A veces pienso que es hora de los
grandes encuentros, de las célebres conjunciones de ideas, de las insignes escuchas, de los inmensos anhelos en suma. Requerimos estampar una nueva dirección en el mundo, al menos para ser más tolerantes y comprensivos, para abrirnos a una nueva historia donde la humanidad en su conjunto se reconcilie con ella misma y, de este modo, se pueda activar otro mundo más avenido.
El incumplimiento de nuestras
obligaciones más innatas nos perjudica gravemente a todos. Por eso, es
fundamental la reconstrucción de una sociedad más humilde, en la cual todos tengamos cabida, pues hasta el momento presente andamos demasiado endiosados y caprichosos. Hemos de abrirnos, pues.
La cultura nos da conocimientos de
nuestra continuidad histórica, que nos permite reflexionar sobre maneras de pensar y vivir, y esto siempre es bueno para acrecentar lo de ser dueño de uno mismo. Ojalá, viendo nuestra propia
genealogía, aprendamos a ser sirvientes de una conciencia ennoblecida y pura.
Víctor Corcoba Herrero/Escritor
corcoba@telefonica.net
Redacción periódico latino

Wilfredo Leon
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